miércoles, 25 de agosto de 2010

Hotel San Martín renueva su gastronomía con “Carta del Bicentenario”


El miércoles 18 viajé a Viña del Mar, invitada por Hotel San Martín, para lo que sería el primer lanzamiento del nuevo menú de su restorán: algo que nunca habían hecho y que ya constituía una apuesta que los tenía contentos.
Como si hubiese premeditado todo, llegué en un día soleado, uno de los primeros que anuncian que la primavera comienza a acercarse, para dejar atrás las frías temperaturas que nos han acompañado durante julio y agosto. Estacioné mi auto, bajé de él y de golpe sentí el aroma y la fresca brisa marina. Fue en ese momento cuando tomé conciencia de que Santiago y su locura habían quedado atrás. Presencié en primera fila una de las mejores horas del día –la puesta de sol- que parecía una postal alucinante.

De la postal marina a los sabores
Luego de revitalizarme con este atardecer, llegó el instante para los sabores y la oportunidad para conocer la propuesta de la chef Paula Báez.
Con ingredientes que rescatan la cultura nacional de norte a sur, fue presentada la nueva carta del restorán Don Joaquín, de Hotel San Martín. Llamada “Carta del Bicentenario”, ésta es una apuesta que renueva la oferta gastronómica de este lugar y se suma a la tendencia de utilizar nuestros productos criollos para darles un vuelco gourmet y demostrar que éstos pueden llegar hasta las mesas más delicadas y exigentes, sin perder identidad ni sabor.
Paula Báez, que trabaja hace 3 años como Chef Ejecutiva de este hotel, detalló los cambios en la carta y la trascendencia que ha tenido su equipo de trabajo para materializar este desafío, actitud que también se proyectó en el folleto que exhibía el menú de la noche, donde se individualizaba a cada miembro de la cocina y su especialidad.
Con platos compuestos, por ejemplo, de patasca, un guiso ancestral atacameño de las zonas alto-andinas; poe, un budín en honor a la Isla de Pascua; amaranto, un cereal del norte; vidriola, un pez de Juan Fernández y papas nativas, entre otros, el restorán dio a conocer su nueva propuesta, acorde a los desafíos culinarios de hoy, pero sin mayores pretensiones.
Entre los platos servidos, para mí destacaron los ravioli de locos y pehuén, los caneloni de plateada y, entre los postres, la leche nevada que estaba suave y bien equilibrada (no muy dulce, pero con mucho sabor) y también los picarones en chancaca, aun cuando parecían recalentados en el horno, lo que provocó que la masa quedara menos esponjosa, pero no por eso menos deliciosa.
Cada plato fue correctamente maridado con una selección asesorada por La Vinoteca, entre ellos: Chardonnay El Bosque 2008 de Viña Casablanca y otro de Viña Leyda, un Syrah 2007 Barrel Sellect de Viña Santa Ema y finalizó con un shot de pisco Horcón Quemado.
Así terminó una agradable noche mientras el mar se hacía notar con una de las más grandes marejadas de los últimos años, plasmando una nueva postal para ese día de relajo alejada del ritmo capitalino.

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